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PasóUn poco ñoña si , mucho, trataba de escribir una cancion mientras cantaba y despues al leerla , se quedo en nada
Pasó...
El hueco de tu piel sobre mi piel
el eco de tus manos en mi sien... Pasó...
Aquel instante nunca volverá,
tendremos que volverlo a reinventar Pasó...
Tu cuerpo no dejará de soñar con brazos que lo puedan alcanzar Pasó...
Pasarán tantos silencios y uno más
y una vez tras otra nos volveremos a encontrar. Pasó...
Extraños frente a frente,
tratando de quererse sin saber, tratando de entenderse sin poder. Pasarán...
Pasaran tantos olvidos sin pasar.
Dos cuerpos solitarios buscando en su triste caminar, buscando incertidumbres sin más. Pasó...
Pasará, volveremos a encontrarnos
volveremos a perdernos... y poco más Pasará...
Pasará, sin pasar por nosotros, pasará.
Quisimos que el amor fuera un instante
y pasará, simplemente... pasará... Palabras, solo palabrasEl hombre que es hombre
porque llama con su boca cuanto no le corresponde, porque necesita nombres: palabras, etiquetas… que le permitan enmarcar el inexpugnable misterio de su propia soledad postrera. El hombre que es hombre porque emula cuanto no alcanza y recrea, El hombre que es hombre
porque teme cuanto sueña; y piensa… Y cuando se le levanta la piel
como latón laminado, cuando le tiembla la voz como carne de niño, cuando palpita, y un escalofrío discurre entre los dientes y la medula, cuando la incertidumbre le acomete en noches de invierno, y la realidad le desborda y sin saciarle le llena… es entonces, cuando al lenguaje recurre y recrea: las palabras, sus miserias… Pone un nombre a cada cosa
y una cosa para cada nombre, Y su acción le otorga la “certeza” de poseer de algún modo aquello que sus labios bosquejan. Con manos cobardes y procelosas, articula en verbo lo que su alma sueña, encontrando debilidad en su consuelo y palabras en su debilidad. El hombre que es hombre
por renovar cíclicamente la entrega, entretejiendo su vida entre irreconocibles letras, El hombre que es hombre
porque teme cuanto sus manos sueñan y escapa con brazos de aire hacia nuevas cadencias reconstruyendo un mundo, que no es mundo en función a cuanto falsea. Renegando de la flor por pretender poseerla, del amor por pretender nombrarlo… El hombre que es hombre
porque busca la esencia ultima de las cosas, Tratando inútilmente de transmutarlas en verbo, creando falaces sortilegios que le alejan de la esencia de las cosas, las cosas en si mismas, sin artificios ni etiquetas. El hombre que es hombre porque buscando su dios, su calma; blasfema. Y se busca a si mismo y no encuentra mas que nombres, ecos lejanos de su naturaleza. El hombre que es hombre porque ha renunciado a serlo, y se encuentra más solo que nunca, a oscuras, con nuevas ansiedades, y un puñado de letras insatisfechas CaminoCamino y espina, espina y camino.
Mañanas, tardes, noches… camino, siempre el mismo camino Huir a los cerros huir de la herida Para reabrirla nuevamente cada día Caminos, muchos caminos,
se entrecruzan para llegar a un mismo destino. El destino como una condición inalterable
que antecede tus pasos, y cuya esencia solo puedes sortear en interludios fugaces, que deparan en diferentes agonías con mil matices iguales. Silencios como ortigas en flor,
camino, que pretendes cambiar y acaba cambiándote. Desconcierto que acomete en madrugadas de silencio, silencios de boca grande, bocas grandes de silencio. El silencio como un sudario de cadenas sin nombres.
Nombres que evocan silencios, silencios que invocan soledades. Compromisos, acuerdos, contratos bodas…. Silencios… que buscan cuanto evaden Siempre respete las catedrales Siempre respete las catedrales, enormes mausoleos inhiestos, que parecieran pretender alcanzar al cielo… ese silencio enigmático, esa paz que pudiera confundir al más acérrimo ateo. Siempre respete las catedrales, espacios altos donde los ecos de tus pasos quedan cobijados por siempre. Las catedrales, desiertos habitados por los vestigios de soledades remotas que se buscan inexorablemente en el tiempo. Olvidados, sempiternos, desheredados de la tierra, perdidos en ese extraño lugar donde el tiempo deja de percibirse en su habitual modo . Siempre respete las catedrales, sin sus obispos, sus feligreses, sus abades … sin sus misas ni sus miedos, sus vulgares miedos... Siempre respete las catedrales, sus tormentos y sus escapes . Cuando el hombre deja de ser hombre y busca en sus pasos lo eterno, lo bello, lo inmutable, la inmortalidad de su propio nombre que apunta hacia un cielo sin dioses, cuando busca a tientas y no se conforma con las pequeñas verdades cotidianas. Cuando el hombre deja de ser hombre y camina sobre su propio misterio, y con manos temblorosas -arrogantes- busca cuanto no encuentra, cuanto le falta y desconoce, y acaso no existiendo inventa cuanto necesita, creyendo en su anhelo justificación y causa de cuanto crea, y alzando las manos hacia el infinito, construye piedra a piedra cuanto sueña, para poder regresar después sobre sus propios pasos, a ese refugio edificado sobre la frialdad del mármol, ese lugar de sosiego, tranquilidad, calma que permite cobijar a su pobre alma atribulada. Cuando el hombre deja de ser hombre… es entonces cuando le respete Te perdíTe perdí,
te perdí incluso antes de haberte conocido antes de que tu boca golpeara contra la mía. Te perdí,
con la clara conciencia de que una vez fuiste mía. Te perdí,
te pierdo cada día, para poder volver a tenerte Me asome a tu soledad buscándome
y no encontré mas que la suma de dos soledades contrapuestas. ¿Como culparte?
¿Cómo culpar a un coleccionista de soledades postreras? ¿Como pretender que me pertenezcas, sin pertenecerme yo si quiera? Con la arrogancia de un niño austero
quise tatuar sobre tu piel con gena, indelebles flores de arena. Pretendí que dos soledades al sumarse dejarían de serlo,
que el vacío pudiera transmutarse en suma, como si infinitamente cero, no siguiera resultando cero, como si infinitas soledades no deparasen en un mismo silencio.
¿Cómo culparte?
¿cómo culpar a un mundo que no es mundo porque yo lo vea? sino que sigue siendo mundo al margen de mi existencia Te perdí… aún te pierdo en cada entrega PoemitaPeligros de hablar y de callar, y lenguaje en el silencio ¿Cómo es tan largo en mí dolor tan fuerte, Lisis? Si hablo y digo el mal que siento, ¿Qué disculpa tendrá mi atrevimiento? Si callo, ¿quién podrá escusar mi muerte? ¿Pues cómo sin hablarte podrá verte mi vista, y mi semblante macilento? Voz tiene en el silencio el sentimiento: Mucho dicen las lágrimas que vierte. Bien entiende la llama quien la enciende; Y quien los causa, enteinde los enojos; Y quien manda silencios, los entiende. Suspiros, del dolor mudos despojos, Tambien la boca a razonar aprende, como con llanto, y sin hablar los ojos Quevedo ¿Qué culpa tendría el gato?-Es una técnica de relajación, mira, veras, respira … así, con la parte superior, lenta pero profundamente, con el ennnn pecho- Entonces por fin llegó el tan esperado momento y el botón de su ceñida blusa salió disparado alcanzando a un pobre transeúnte, y rebotando sobre el ojo de un triste gato que pasaba por allí, regalando a los míos con toda la exuberancia de sus generosas formas- -¿Ves? Ya me he relajado, no podía con tanta tensión nerviosa- (Ficción, realidad, ojala el botón no se hubiera resistido de ese modo tan inmisericorde, cada día soy mas vulgar, un día terminaré por ser humano (no por dios justificarse no , eres un guarro, sin más)) Idea para un corto (preborrador)(Aun no se como hacerlo)
Distintas personas caminando sobre las que se centra la “acción“ en diferentes partes del mundo. Juego de imágenes rápido, desconcertante, fundidos, continuo cambios de personaje y escenario, subtítulos para las distintas lenguas: Munich, Paris, Venecia, Asturias, Grecia, India, Londres, malecón cubano, Sudáfrica …
Es de noche -creo- caminan solos algunos, otros acompañados, pero aun así es como si permanecieran aislados, incomunicados, ajenos … No serán mas de diez personas; especiales, cada uno a su modo. Sus rostros están marcados por la alegría y la tristeza; la ilusión y el desengaño … sumergiéndose en dichas sensaciones con idéntica entrega. Parecen a merced de sus emociones, van y vienen a destiempo, como una marea en que se vieran inmersos, atrapados. Hombres y mujeres, algunos de gestos vivos, otros apagados, pero todos con una fuerza especial en la mirada, en el brillo de sus ojos. Con edades comprendidas entre los 20 y los 43 años. Calles de distintas ciudades, diferentes condiciones sociales, indumentarias, modos de caminar …. Deambulan con la mirada perdida en el pavimento, arrastrando los pies, las palabras, como un zapato viejo … emitiendo cada uno un sonido diferenciado: sus respiraciones, sus pasos, sus discursos aparentemente arbitrarios, hablando como para si mismos o para nadie. De fondo el trafico, los cláxones, personas desdibujadas que salen de fiestas dispares, algarabía popular intercalada con silencios y sofocada por el sonido de sus propias respiraciones, a ratos entrecortada a ratos acelerada, y por sus pasos al caminar rebotando inmisericordemente contra el embaldosado. Aparece uno, otro, se hace mas lento el cambio de escenario, se funden las imágenes de todos ellos a la vez, momentáneamente, aunque sea tan breve que no se consiga dilucidar nada en ello. Tienen en común el modo de mirar, de no hacerlo, una cierta tristeza en los ojos. Perdidos, melancólicos, sonríen a ratos, a ratos están tristes, apagados o vivos, oscilando como títeres movidos por fuerzas secretas de hilos no visibles … En lo más profundo quieren seguir adelante, buscan una oportunidad de acercamiento o huida, proyectados hacia el futuro como tras una zanahoria que intentasen aferrar y se les escapase a cada momento. Pero adelante, siempre adelante, avanzando tímidamente, hacia ningún lugar o cualquier sitio. Soñando con que la realidad por fin tiemble y se deslice el falso decorado como la careta de un cínico agazapado en su papel de nada me importa, desapareciendo los decorados, el artificio que daría paso a la luz que se filtraría a través de las paredes de un teatro imaginario que se iria derrumbado a cada golpe de luz, en una mascarada de colores tenues que a veces no deja espacio para la vida, con esas mismas tonalidades ocres que a veces se ciernen sobre todas las calles del mundo. Proyectados en momento por si mismos, en otros por la propia inercia de un camino en que no encuentran apeaderos para la vida, adelante, siempre adelante, caminando sin descanso. De pronto aparece la muerte en escena, como una opción del camino de estos diez personajes: un tranvía, un puente, un hombre que mira de un modo inquietante a uno de los personajes y ninguno puede evitar un escalofrío que se abre paso entre los labios provocando un temblor involuntario. Sutiles cambios de ritmo en sus pasos, se muerden el labio inferior, dudan, quedan a punto de detenerse pero siguen adelante, siempre adelante, moviéndose como impelidos por un impulso sutil, ajeno, oscilando en su trayectoria hacia izquierda y derecha, trazando círculos imaginarios en su movimiento. El discurso empieza a ordenarse, las palabras que profieren empiezan a tomar forma … sus vidas al unirlas, como las piezas de un puzzle infantil que se enlazan en la mente del espectador que es donde realmente se crea la historia, a ratos clara, a ratos equivoca, desenfocada como un sueño olvidado, como la realidad de todos ellos que esta ahí, pero por más que se esfuerzan en agarrarla se esfuma entre los dedos de sus manos como niebla. Alguien sale del trabajo tras terminar su turno como vigilante nocturno a tenor de su indumentaria, otra llega a una fabrica, otro trajeado llega a una habitación de hotel solitaria , otro a casa de sus padres tras despedirse de su pareja, una mujer con su esposo franquea el umbral de su hogar, otro llega a una cita con un amigo … Nada es tan evidente como ahora al explicarlo, (aunque quizás ni siquiera ahora se entienda porque igual no haya nada que entender) Forman parte unos de otros y no lo saben ni lo sabrán nunca, están conectados, como en un hormiguero monstruoso que nunca verán en su totalidad. Se funden las imágenes, el particular sonido que emite cada uno con sus pasos y sus respiraciones, se entrecruzan y de pronto se torna en melodía al unirse, aquella misma que se intuía antes a ratos, una canción sencilla, sutil, que les acompaña mientras dan los últimos pasos que los separan de su destino cotidiano, tantas veces repetidos y que aceptan con una mezcla de resignación y esperanza. Llegan finalmente, uno de ellos a su habitación de estudiante ocasional, está solo, se tumba de costado en la cama, enciende la radio, empieza a sonar de nuevo la misma melodía pero ahora está acompañada por letra, constituida por las palabras extraídas de sus “discursos” anteriores, la misma que han creado entre todos aunque no lo sepan ni lo sabrán nunca. En la radio en el cine, en el trabajo … tumbado se abraza a si mismo cruzando los brazos con fuerza, se le escapa una lagrima, se les escapa a todos ellos. Después sonríen, tiemblan débilmente y tras apagar la luz de la mesita de noche termina la canción y queda un fundido en negro, escuchándose un ultimo suspiro conjunto y acompasado... FIN
Los aires dificiles-Almudena Grandes... Sara sí supo desde el principio por qué le llamaba la atención.
Era un individuo alto, e incluso robusto, pero tenía un aire levemente enfermizo
que le favorecía, suavizando los rasgos casi toscos, macizos, de una clásica cara
de campesino. El equívoco no iba más allá del abultamiento de sus cejas, del
tamaño de su nariz, de la carnosa rotundidad de su cuello.
Aquel hombre callado, que lo estudiaba todo con curiosidad sin revelar jamás sus
conclusiones, poseía la misma clase de elegancia innata, la misma plateada y
luminosa calidad de esos señores a los que Sara no había vuelto a ver de cerca
desde que dejara de ser una niña, una brillantez que desbordaba las etiquetas, el
precio, el impecable corte de la ropa que llevaba, para manifestarse en todos sus
movimientos, en su manera de sentarse, de encender un cigarrillo, de alargar la
mano para rechazar cualquier cosa con la muda cortesía de aquellos a quienes
siempre les ha sobrado todo. Preguntó y le contaron su historia, y desde entonces
empezó a mirarlo con ternura. Él, que la miraba ya con tanta insistencia como si
hubiera descubierto el revés de su personaje de mujer hecha a sí misma desde la
humilde morada de un viejo militante histórico brutalmente represaliado por el
régimen, respondió sentándose cada vez más cerca, hasta que un día logró
colocarse a su lado.
—¿Por qué me miras tanto? –le preguntó ella en un susurro, sin mover la cabeza,
los ojos fijos en la persona que estaba hablando en aquel momento.
—Porque me gusta mirarte –contestó él, con una seguridad a la que Sara no
acertó a oponer nada.
Luego, cuando la reunión terminó, Vicente salió con ella y la acompañó hasta la
puerta de su despacho sin despegar los labios. De vez en cuando, Sara se reía
ante la muda terquedad de aquel cortejo, y entonces él se reía también, igual que
un niño, sin más motivos que el presentimiento audaz, jubiloso, de que por fin
habían vuelto los buenos tiempos de hacer tonterías.
—Bueno... –dijo ella, al final del último pasillo–. Pues ya hemos llegado.
—¿Quién eres tú, compañera?
–le preguntó él entonces, empleando por primera vez, en tono de broma, esa
palabra que el tiempo acabaría convirtiendo en una contraseña irónica, y sin
embargo sincera, entre los dos–. ¿De dónde sales?
Sara resopló, se apoyó en la puerta y le miró al fondo de los ojos. Para esa
pregunta sí tenía respuesta, llevaba semanas pensándola, desmenuzándola,
elaborándola para poder ofrecérsela a sí misma.
—Soy tu opuesto –le contestó–, tu igual y tu contrario. Como un reflejo tuyo en
un espejo... Yo vengo a ofrecer mi corazón-Mercedes Sosa¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón. Tanta sangre que se llevó el río, yo vengo a ofrecer mi corazón. No será tan fácil, ya sé qué pasa, no será tan simple como pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor. Luna de los pobres, siempre abierta, yo vengo a ofrecer mi corazón. Como un documento inalterable, yo vengo a ofrecer mi corazón. Y uniré las puntas de un mismo lazo, y me iré tranquilo, me iré despacio, y te daré todo y me darás algo, algo que me alivie un poco nomás. Cuando no haya nadie cerca o lejos, yo vengo a ofrecer mi corazón. Cuando los satélites no alcancen, yo vengo a ofrecer mi corazón. Hablo de países y de esperanza, hablo por la vida, hablo por la nada, hablo por cambiar esta, nuestra casa, de cambiarla por cambiar nomás. ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón... En fin ... Tengo sueño...... y mirar el techo como un folio en blanco me incita a decir sandeces. ¿Por qué no escribir bien, cuando igual costaría lo mismo que hacerlo mal? ¿Será para evitar descubrir que no podría hacerlo en ese modo? ¿Por qué fingirme zumbado mientras escribo esto? ¿Será que es más cómodo no tener que ordenar las ideas? ¿Se terminará siendo lo que se finge? ¿Terminaré siendo gangoso entonces, o mutilado de guerra o un pez mutilado? (glup, glup, up); ¿La locura será acaso más el resultado de una relajación moral que de una carencia química? ¿Importa el orden? ¿Es lógica la lógica? ¿Acaso analógica? ¿Digital? ¿Puede ser una emoción explicada en términos racionales? ¿El pensamiento es racional por más que nos esforcemos en concebirlo en ese modo? ¿Existe la realidad tal cual la entendemos? ¿Es lícito dirigir al preguntado? ¿Estoy preguntando realmente? ¿Son los pensamientos como pájaros enjaulados que intentasen salir todos a la vez de una misma cárcel por una puertecita estrechiiiiiita estrechita como los ojos de un niño asustado que viera un batir de palabras sajadas? ¿Se puede recordar una pregunta tan larga? ¿Se puede amar con mesura? ¿La mesura es amable? ¿Acaso antipática? ¿Qué opinas, Mesura? ¿Me ama o no me ama? ¿Soy amable en mi amargura? ¿Me amargo por qué no me ama? ¿Todos aman del mismo modo? ¿Puede el amor no ser neurótico y seguir siendo amor, así; calmado? ¿Acaso no te ama más a ti, que a mi mismo? ¿Acaso nunca se corta con el filo de las palabras? ¿Ni se le levanta la piel como un latón laminado que temblase como la hoja de ejercicios de un niño callado? ¿Le falta a veces el aire en cada suspiro? ¿Suspira? ¿La crees capaz de una locura? ¿Me controlo demasiado? ¿Sigo siendo impulsivo? ¿No respondes, Mesura? ¿Te has ido? Cómo ibas a responder, si mesura y locura nunca fueron de la mano, ni se dieron el teléfono ¿Importan entonces las respuestas? ¿Alguien se acuerda de lo que le respondieron; o solo se recuerda preguntando? Pues no (¿no qué?) No me acuerdo. (¿De qué?) Si lo supiera respondería (¿A quien?) a ti (pero si no existo, anda que andamos buenos tu y yo) ¿Quienes ? (nosotros) pero si no existes (¿Estas seguro?) ni si quiera estoy seguro de mi existencia (pero puedes tocarte) y tb notar que el cuerpo que toco no me pertenece (me lías) ¿Te lías? (pues ya no estoy seguro) ¿de que? (de nada) me estas liando (perdón) no acepto disculpas (pues date por perdonado) no lo acepto (¿Por quien? si estas solo imbecil) no es imbecilidad; es locura (no es locura, es histrionismo, andas desmemoriado, dijiste que te harías el loco) ya no se ni lo que hago (Pues hazte palomita que tengo hambre) psicópata antropófago… (Enajenado…) sssssss Mmmm, ya se ha ido, pasemos a los recuerdos, a escribir falseando una memoria ficticia, que es como viajar por el tiempo a espacios que nunca existieron y que de pronto cobran vida... Mmm ¡silencio coño! (ya esta oyendo voces, y que yo sepa no hay auditorio, joder si no le lee ni dios, puedo permitirse escribir secretos de estado, que total no se entera nadie y yo…) ¡Ya está, ya se! El hilo (dental) será el pez mutilado… Recuerdo una vez de niño, niño. (Nunca lo fue) Me gustaba ir a pescar con mi madre y hermano, no se, más que nada por estar con ellos, después no tenia paciencia para la espera. Por entonces era demasiado nervioso, impulsivo (mas que impulsivo convulsivo, como la niña del exorcista) Tampoco tenía la suficiente sangre fría como para atravesar al gusano de ese modo, (fría no, tan caliente a ratos que pareciera morcilla, además, hay que verlo pelando una gamba, parece un psicópata con esos ojos que pone de serpiente) así que como el gusano se movía, y por su anatomía parecía un animal marino, y de hecho, pensé (o deliro mas bien, pero como siempre actuó como si fuera cierto, como aun le pasa ahora) que si ponían al gusano como reclamo, era porque entendía el lenguaje de los peces, a los que llamaba para pedir auxilio, (siempre le faltó un hervor, o dos, hasta imaginando) así que decidí tirar disimuladamente al gusano al agua por un lado, para que se fuera nadando a casa, y el anzuelo sin nada al otro; esperando que no descubrieran mi secreto mis familiares, (lo que les hubiera importado, ya sabían por entonces que era tonto, miraban para otro lado por no mortificarse) pero con tan mala suerte,(la tuya al nacer) que como tontos hay en todas partes, (a mi me lo vas a decir) hasta en el agua, un pez despistado se trago el anzuelo. Quizás pretendía tirar de el como quien tira de la cadena del retrete tras hacer sus necesidades, pero lo cierto es que se enredo de tal manera, que tras tirar yo del cordel por inercia o por sacar un zapato o unas gominolas -en mi delirio de calor y olas- salió el pobre a superficie, desconcertado, (esto aburre hace ya un rato, desde que empezó) incapaz de evitar ruborizarse por el momento intimo en que fue sorprendido, (toma ya) y yo no pude evitar prorrumpir en lagrimas al ver la desesperación del pobre, (este no llora ni a pellizcos) y se me quedó grabada la cara del animal, que intentaba desesperadamente respirar como yo en un medio extraño, (un poco de dramatismo, si, que no te falte) así como la de pescadero, (¿qué pescadero? ¿De qué habla?) al que ya no volví a mirar nunca del mismo modo. Así que... (Voy a dejar de darle pellizcos para que deje de mirar al techo y se duerma, me esta aburriendo sobremanera, siempre lo consigue)...ya creo que puedo dormirzzzzzzzz Justicia, justicieros y superhéroes sin capa… si es cuestión de bondad y maldad, de malos y buenos, si los "malos" no tienen arreglo salvo el exorcismo, pues ya esta, llamemos a un cura y si no funciona les “ajusticiamos“, total, es maldad eliminémosla de raíz. No es cuestión de mortificarlos, algo rapidito, indoloro, como a los cerdos en el matadero, les ponemos musiquita, un bañito y zasssssca el calambrazo mortuorio. Podría ser hasta televisado por su efecto catártico sobre los hombres de “bien“, para que no se dejen llevar por el “lado oscuro” y vean que para todo es necesario sacrificios, si un día les toca a ellos ser los “mártires” de la causa, lo entenderán, es por el “Bien Supremo” …. Pero vamos, seguiré pensando -o sintiendo- lo mismo, es decir, que en casi todos los casos las personas pueden "salvarse" que es cuestión mas de una verdadera educación que de exorcismos, que la gente reacciona al calor casi siempre, salvo que nunca, nunca se lo hayan dado, y sean incapaces ya para dicho sentimiento por haberse atrofiado en la infancia, como aquel que tenia un problema en un ojo de nacimiento, le curaron ya a cierta edad dicha tara, pero ya no podía ver porque el cerebro no era capaz de interpretar las imágenes (ni los afectos) Salvo casos contados casi todo el mundo desea querer y ser querido aunque el mismo no lo sepa, pero si llamamos al exorcista igual mas que sacarle al maligno, se lo metemos más dentro, ya que está comprobado (porque me da a mi la gana jejej) que según miras a las personas sacas lo peor o mejor de ellas. Al final lo que queremos es llamar la atención de algún modo, aunque nos equivoquemos. A veces somos como niños que actuasen a tientas, como cuando en el patio del colegio cogían una mosca y le quitaban las alas, o a un saltamontes las patas … ¿Es maldad eso o curiosidad mal canalizada? ¿Se le puede enseñar al niño que es el dolor? ¿Se le puede hacer conciente de sus actos y como estos afectan a otros? Quizás yo nunca necesite que me lo explicasen, quizás viví entre cuidados y sabanas de seda, no todos tuvieron mis comodidades, no a todo el mundo le dieron tantos besos como a mi, pero quiero pensar que no, que no existe el demonio, ni tampoco tiene cuernos; que el odio es amor mal encarado, y que a veces es el desconocimiento los que nos lleva a ser desgraciados. Aún no ví a nadie, más que en películas de Holliwood, capaz de ser feliz pasado un tiempo tras hacer una mala acción determinada, una aberración incluso, si acaso al principio, durante la euforia, pero después se calman y surge el verdadero dolor y en ese no solo no les acompaña nadie sino que tampoco parece que reparemos. Después el dolor, la ira, se convertirá en su principal aliado, se harán mas "fuertes" y seguirán actuando "mal" una vez tras otra, como en una espiral de rizo que los hará cada día mas desgraciados. Como el niño que discute por discutir y mientras mas sabe que no tiene razón mas se obstina en seguir haciéndolo, se le puede dar un guantazo, o darle un abrazo y un beso sin más, pero le demos lo que le demos lo que es seguro es que se acostumbrará y con el tiempo seguirá pidiendo que le demos más de lo mismo con tal de demostrar que existe, y reafirmar así su “espacio”, que esta ahí y que quiere que le hagamos caso. A casi todos los criminales les pillan porque hacen porque así suceda, será que quieren su sopapo, pues nada ... el calambrazo mortuorio, al menos morían a gusto.
La justicia, -creo- debe pasar por el acercamiento desde el que es posible proferir el perdón que nos hará libres. Si en caliente me ponen delante a una persona que ejerció un grave daño sobre un ser querido, lo mas probable es que le dé de collejones hasta dejarlo seco, lo más seguro es que le mate, no esperaré a que la "justicia" me haga el trabajo sucio. Pero, quizás terminaría por perdonarla si me acerco a el, si me ayudan a hacerlo, si intento entender que motivo su acción y comprendo que no es más que un pobre desgraciado, si le ayudo a redimirse, como un modo de acallar el eco de su dolor en mi memoria y redimirme así yo al mismo tiempo.
Quizás la justicia debería pasar por acercarnos y no por distanciarnos aun mas, cuando además, desde un punto de vista practico, todo problema que no se soluciona tiende a repetirse, y en muchos casos, es la “distancia” la que engendra el odio.
Recuerdo como me impactó de bien niño, cuando en la película sobre la vida de Gandhi, se le acercó un hindú diciendo que habían matado a su hijo y que desde que el acabase con la vida del hijo de un musulmán para vengarse, no encontraba la paz, Gandhi le respondió que si de verdad pretendía redimirse, debería adoptar a algún niño huérfano musulmán, y educarlo bajo los preceptos del Islam. Es bien sabido que con el ojo por ojo … al final todos ciegos.
Cada día hay mas violencia entre personas que se suponen no deberían ser violentos, como en la naranja mecánica, cada día hay mas libertad supuesta y menos calor humano, cada día la gente trabaja mas y los niños se crían solo con le calor de play, que si, que se calienta de tanto uso.
No se, no se, quiero pensar que es cuestión de afectos, y de saber darlos. Como decía Silvio Rodríguez en su canción El problema ... el problema señor, sigue siendo sembrar, amor... y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.
Amén
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