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CUERPO EN PENALentamente el ahogado recorre sus dominios Luis Cernuda Al verla...Al verla, no pudo evitar rememorar aquella primera vez, aunque era como si algo hubiese cambiado, como si ellos ya no fueran ellos, o al menos la unidad que integraron. La danza de la muerteUn pájaro de papel en el pecho dice que el tiempo de los besos no ha llegado. VICENTE ALEIXANDRE
El Mascarón. ¡Mirad el mascarón! Se fueron los árboles de la pimienta, Era el momento de las cosas secas, Era la gran reunión de los animales muertos, En la marchita soledad sin honda El mascarón. ¡Mirad el mascarón! * Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío acabó con los más leves tallitos del canto Cuando el chino lloraba en el tejado No es extraño para la danza El mascarón. ¡Mirad el mascarón! * Yo estaba en la terraza luchando con la luna. La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro Pero no son los muertos los que bailan, ¡Que no baile el Papa! Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, El mascarón. ¡Mirad el mascarón! Federico García Lorca. Poeta en Nueva York La cimaLe encantaba despertarse temprano, muy temprano, a esa hora que no se sabe si forma parte de la noche o del día y actúa como breve puente entre ambos. Recostada, aún con los ojos entreabiertos, era cuando su mente tenia una mayor lucidez y por un instante se sentía plena. El camión de la basura anunció que había acabado el breve interludio y regresó como quien regresa de un largo viaje a su rutina. Poco a poco fue tomando conciencia de su cuerpo y de su vida: sus pies siempre fríos, sus manos torpes, su cuerpo aletargado lleno de cicatrices a modo de pequeños dolores, sus ojos cansados de no mirar a ninguna parte y un dolor de cabeza que oscurecía cualquier ensoñación o pensamiento. Se incorporó lentamente sentándose a un lado de la cama, tiró del primer cajón de la mesilla de noches queriendo sacar un cigarrillo pero ya no quedaba más que un paquete vacío. Al erguirse sintió un ligero mareo, se le nublaron los ojos y una sensación de nausea trepo por su estomago mientras las rodillas se le doblaban en una genuflexión no intencionada; con la cabeza baja frunció levemente la mirada estrechándose a su vez el vientre con ambas manos; ni si quiera tenia una idea clara de por qué lo hacia. Le esperaba un día largo, preparó el te parsimoniosamente como en un ritual. Aún estaba medio sumida en la extraña lógica de los sueños, intentaba recordarlos antes de que fuera imposible, mas solo consiguió aprehender un par de imágenes y de pensamientos que después, desde la vigilia, se tornaron ininteligibles. Volvió a fruncir el ceño nuevamente pero…nada. Sacó el té del cazo y salió al porche. Le gustaba apretar el vaso con las dos manos y sentir su calor mientras el resto de su cuerpo se enfriaba a esa hora en la que el sol a penas era una mancha fría. Bebió una par de sorbos y recordó las imágenes de su sueño. Algo le inquietaba ahora, no sabía el que, al fin y al cabo era solo un sueño, mas esa idea no la tranquilizaba. Volvió a retomarlo y se vio sobre la sima de una montaña, tranquila, serena. La brisa refrescaba sus sienes meciendo su larga y oscura cabellera, entre las laderas de las montañas amanecía y la belleza era indescriptible. No era un lugar conocido, nunca lo vio antes. Como tantas veces su imaginación había creado escenarios nuevos. Ni si quiera se reconocía en las formas de aquella joven pero en el sueño estaba claro que era ella. Podía verse a si misma, dotada con una curiosa ubicuidad que le permitía estar en varios sitios a la vez y sentirse parte de todos al mismo tiempo: su cuerpo, su cabello ondeado por el viento, el viento, las montañas, una nube perdida, la fresca hierba sobre la que reposaban sus pies, el horizonte a lo lejos, los árboles, los pájaros, su canto… todo era parte de ella. Era una sensación agradable y misteriosa. Siguió bebiendo lentamente y al retomar las imágenes de su sueño pudo verse a si misma saltando al vació. En el sueño se sentía tranquila, feliz, serena… y esto le turbaba ahora: Era como si sucumbiera a un deseo reprimido cediendo a su vez a la belleza del instante. Después… nada, el antes y el después habían desaparecido tras la niebla de la vigilia. Volvió a concentrarse pero nada, era como si la niebla bloqueara cualquier recuerdo. El sonido del claxon del vecino le sacó de su ensimismamiento y volvió a sentirse intranquila. Se levantó rápida e hizo una señal a su vecino para que la esperase, a la que él respondió farfullando una queja incomprensible. Se vistió a toda velocidad, dejó la casa pata por hombro y se subió al coche. -Perdona el retraso, creí que hoy no podría ir a trabajar, he pasado mala noche- -Si, claro y faltar a la fiesta, con toda la parafernalia que han montado- -Ya casi lo había olvidado, es verdad; el ascenso- -Si, dijo él con mueca burlona intentando aparentar falso resentimiento, claro-
Era extraño aquel hombre, a penas si hablaba en todo el trayecto, si no hubieran coincidido en el trabajo jamás se hubieran conocido aunque vivieran en la misma urbanización, a tan solo dos casas de distancia. No se le conocía familia, amigos ni mujeres en su vida. Él era un misterio en el que sin embargo nadie reparaba. Recordaba su casa, un día entró en ella, él se demoraba y fue a buscarlo. Tocó su timbre y él la invitó a entrar por estar enfermo. De la entrada pasó al salón; era lúgubre: no había ni cuadros ni fotos ni más muebles que los imprescindibles. Las paredes estaban repletas de libros. Ella lo imaginaba ahora sentado sobre aquel desvencijado sillón, terminando un cigarrillo tras otro y de tanto en tanto una novela que pasaba a colocar en el estante con cierto orgullo. Parecía una vida tranquila la suya, su casa era como un refugio, un retiro que no sabia si era voluntario o no ¿Qué le movería a aquel lugar, un desengaño amoroso quizás? ¿Quién sabe? Ni si quiera su trabajo parecía corresponderle: auxiliar administrativo, no es que fuera mejor ni peor, simplemente es que no le iba. Puede que hubiese una vida anterior; con cuadros, fotos, colores y sonrisas. Pudo ser marinero, tiene ojos de cantina pensó, o abogado, es serio y esquivo. Siempre imaginando, se reprendió a si misma, y mientras tanto la vida pasa. Le agradaban sus silencios, se sentía cómoda a su lado así, sin palabras más que las precisas. A estas horas odiaba hablar, necesitaba su tiempo para aclimatase a los demás. A veces ella le hacia pequeñas confidencias, no era muy dada a contar mucho sobre si misma, pero con él no podía evitarlo. Se sentía ridícula por eso a veces, lo que no sabia es que aquellas efímeras conversaciones eran lo que a él le daba un poco de vida y aunque no se manifestase demasiado, le encantaba escucharla y sentirla cómoda a su lado, mientras ella sin saber porque se sentía mas entendida por él que por ninguna otra persona que hubiera conocido antes. Así, de tanto en tanto, se permitía ser ella misma sin los artificios acostumbrados. Al entrar en el garaje de la empresa buscó sus ojos reflejados en las lunas delanteras, como si quisiera hacerlo participe de sus pensamientos, él respondió con una sutil sonrisa. -¿Al final vendrá tu hija? – Pregunto él, y al instante no pudo evitar sentirse violento por la intromisión realizada. -Nada se sabe todavía, mi abogado dice que es posible… espero su llamada durante el día- -Se morirá de ganas por verte- -Quién sabe ¿cuantos siglos cabrán en las horas de un niño? Solo espero que la perdida no sea insalvable. Al salir del coche él dio una palmada sobre su hombro y cada uno marchó por su lado actuando como extraños durante el resto del día. -Igual en otra vida podríamos haber estado juntos- pensó ella -igual en otra vida- Fue una mañana frenética, el teléfono no dejo de sonar en ningún momento. Había una superproducción a la vista y entre clientes, jefes, gabinete de prensa y productores; no le habían dejado ni un instante de calma. A la hora del almuerzo el ascenso se hizo oficial, al entrar al restaurante vio una gran tarta y a muchos de sus compañeros que la recibían entre sonrisas y muecas. Fue una celebración rápida, entre bromas y cumplidos pasó el tiempo y al regreso al despacho apenas si había comido. Carlos, su vecino, le había dejado un regalo sobre su mesa y antes de que pudiera abrirlo llegaron sus compañeros de planta con un paquete que escondía un látigo de látex negro con un traje a juego y un pergamino en el que exponían lo que decían era el decálogo de la buena jefa y como debía tratar a sus esclavos. Al final quedaron en celebrarlo por la noche y ella cedió en invitar para que se fueran y poder seguir con su trabajo y su vida. Al final la tarde se mostró mas tranquila de lo esperado. Las horas pasaron lentamente, como si cada minuto tuviera que colarse trabajosamente por debajo de la puerta. A última hora, cuando casi lo había olvidado, abrió el paquete de Carlos, contenía un bonsái y un libro de relatos que no había leído, le agrado el detalle y se enterneció por primera vez en el día. Ya en el coche, de regreso, le dio las gracias y él no pudo evitar ruborizarse con un gesto casi infantil y encantador a sus ojos. Ella sonrió y cambio de tema para no atormentarlo por más tiempo, pasando a contarle los pormenores del día. Después le preguntó si iría aquella noche a la fiesta. Él respondió con un gesto de duda, -necesito un chofer esgrimió ella- y comenzaron a reír abiertamente. Casi estaban llegando cuando al recordar su sueño se lo contó para ver que le parecía. Él no dijo nada, lo que pensara se lo calló pero no pudo evitar que se le oscureciera el rostro. Al despedirse, ya en el umbral de la puerta, él le dijo que iría a la fiesta si ella iba y aquellas escuetas palabras proviniendo de aquel hombre sonaron como una declaración de amor en toda regla. Entró en casa, colocó el bonsái en el salón y se quedó un rato mirándolo, era igual al de su sueño. No dejaba de sonreír rememorando sus últimas palabras. Al pasar por delante del teléfono vio que la luz del contestador parpadeaba: su hija volvería a vivir con ella, le darían la guardia y custodia… Era feliz, lo supo en seguida como en una revelación. Ascendía en el trabajo lo amaba a él, él la amaba, su hija regresaría… había vuelto la vida, estaba en la cima. Se sintió tranquila, serena. Fue al salón, sacó del armario una pistola que su ex-marido dejase por descuido, y mirando al bonsái se pego un tiro. Carlos ya estaba llorando antes de oír el disparo.
Dedicado a la memoria, (escasa por cierto) de la joven Rro, perdida en las tierras del este. Allá donde estés... gracias. DespedidasTus brazos ya pesan sobre mi cuerpo, los abrazos cada vez se hacen más densos, más ajenos. Una distancia infranqueable comienza a surgir entre nosotros y por más que extiendo los brazos no consigo tocarte, tan solo siento en ti a una extraña, en la que ya no te reconozco. Esquivo tus ojos sin quererlo, tus manos como peces muertos, tu lengua de buey resoplando en mi cuello. Pasado el amor solo nos quedó el sexo de un par de cuerpos que se buscan desde la distancia y en lo más profundo ya no anhelan estar juntos. Te quiero, te quiero como se quiere a una madre, a una hermana, a una hija… a un extraño. Te quiero como se quiere cuando vence el cariño y la ternura, cuando desaparece la magia y el ser amado se muestra desnudo ante nosotros. Tus ojos me revelan que soy correspondido, que ya solo nos queda el recuerdo de lo que hemos perdido. No traicionemos aquello que un día fuimos no nos convirtamos en estatuas de sal insatisfechas: que el miedo a la soledad no nos frene en nuestro camino; otros puertos nos esperan, otras madrugadas, otros reencuentros. Separémonos cuanto antes, antes de que nuestras miradas comiencen a hacernos daño, y se seque el caudal de nuestro llanto surgiendo el verdadero sufrimiento por la pérdida, que no seriamos capaces de perdonarnos. Largas nochesQuisiera formular con mi mano paraísos exuberantes de flores altivas; parques donde la alegría florezca junto a la vida y la algarabía de los hombres. Universos de ecos suaves y vivos, oasis de color entre la penumbra de mis calles desiertas. Ojala meciera mi aire el sonido de aves pasajeras, el aleteante vuelo de una gaviota como una melodía extraída de su templo. Mas mi bosque parece muerto y a penas si crecen ortigas entre sus piedras. ¿Quien pudiera caminar sobre su tiempo en plenitud? llenar su lienzo con miradas, con perfumes amables como versos no malditos, en que efímeras bellezas surcasen con la diáfana alegría de la primavera; en donde los soles reluzcan como flores vivas. Madreselvas y jazmines poblarían las noches en que un par de cuerpos entrelazados no dejarían espacios para la duda. Mañanas frescas, tardes sencillas en las que ser mecido por el viento entre árboles furtivos, mientras poemas, perfumes y melodías surcan nuestro tiempo. ¿Quién nos robo la ilusión.., la esperanza, el color, la melodía? ¿Quién nos impulsó hacia la noche vacía en que el silencio corta como un cuchillo hiriente y la nada pretende prender todo atisbo de vida, quedando a penas un sutil espacio para la agonía como última forma? ¿Quién pudiera vivir en un beso o un abrazo? ¿Quién amase otro cuerpo a sabiendas de que el sexo no es la única forma, el último reducto de vida? Ojala los instantes se sucedieran amables y no existiera el anhelante deseo de traicionar su permanencia, su belleza última. ¿Quien pudiera invocar el embeleso con sus letras? construir paraísos de verbo afín, donde poder refugiarse tras cada naufragio. Cada palabra, frase o verso, pugna por crear espacios que luego paso a poblar torpemente: si quiera vacíos, escuetas despedidas, gaviotas sin plumas, ansiedades, playas sin soles, abrazos que se traicionan en un mar de recuerdos mal atraídos desde la distancia. La vida no está entre tinteros, como pude no darme cuenta antes, entre tinteros solo pugna la sangre. La literatura no es sino un enorme mausoleo de flores muertas, un templo de soledad donde cualquier esperanza de calor no es si no fingida. La vida está en las calles, en los amaneceres y en el amor. ¿Quién me impulsó hacia el crepúsculo, los suburbios y el desamparo? ¿Quién me robó las mañanas, el frenesí y el centro desde el cual aun es posible la aurora? ¿Quién me forzó a traicionarme en cuanto fui? ¿Quién mas que un vulgar prejuicio que niega toda vida? ¿Quién más que tú a quien dedico estas letras? Allá donde estés; tan fría, tan sola.., tan perdida (tan muerta) El extraño ciclistaEra la primera vez que me permitía acceder a su casa y con ello quizás a su vida. Aunque de eso no fui conciente hasta cierto tiempo después; cuando frente a un tintero, intentaba evocar el recuerdo de aquellos días felices Yo debía tener unos 13 años, ella alrededor de 17. Fue una historia simple: Un día la curiosidad nos acercó para después surgir una amistad que poco a poco iría adquiriendo nuevos matices. El sentimiento se expandió como un abanico multicolor dentro de nuestros pechos, mientras nosotros, en busca de nuevas formas de conocimiento, nos expresábamos a través de manos ávidas de cariño, que desde la inocencia irían enardeciéndose hasta trascender el espacio físico que les separaba. Después el tiempo se encargaría de distanciar aquello que la curiosidad había acercado por capricho. Hay veces que las palabras bastan para comunicarse; otras sin embargo sientes que existe una parte en el otro a la que no puedes llegar por medio del lenguaje, y en un intento de aprehenderle en su misterio, surgen las manos como herramientas de acercamiento. Aun así, a veces sobrevive un extraño hueco entre ambos que se hace incomodo y necesitamos recurrir al beso, comenzando algo que pronto nos desbordará y hará uso de todos los elementos a su alcance: Ojos, palabras, manos, bocas, olores.., Nunca olvidaré las complicaciones técnicas de aquellos primeros besos fugaces entre una jirafa y una hormiga. El primer amor nunca se olvida en su sencillez, en su franca inocencia. Después el tiempo nos va manchando con la experiencia y el prejuicio acumulado. Es difícil retornar a aquello que fuimos, para de tanto en tanto permitirnos dejarnos llevar y alcanzar un instante de plenitud. Es difícil conforme pasa el tiempo no ir agazapándonos sobre nosotros mismos, escondiéndonos en un gesto que no denota mas que miedo. Caminaba presta y diligente mientras yo la seguía por aquella escalera sin ascensor. Un momento antes de introducir la llave en la hendidura de la puerta se giro sobre si misma en un gesto mecánico y teatral, y alejando de si a la habitual pizpireta, comenzó a hablar atropelladamente. Estaba nerviosa aunque se negase a reconocerlo. Había sido muy valiente llevándome hasta allí. Ya podía imaginarse la mirada atónita de sus familiares al conocerme: un mocoso de ojos asustadizo y rostro profundamente aniñado, cuya tímida voz parecía provenir de una maraña de pelos que le tapaban casi por completo, mientras ella parecía una mujer mucho mayor a sus años. Al principio no conseguía oír lo que me decía aunque lo intuyera vagamente. -..,no hagas caso a nada de lo que te digan,..ya hace mucho que yo vivo al margen de sus opiniones y no me afectan ni sus palabras mi sus gestos,..,no seas tonto, no te dejes apabullar..,solo debe importarte lo que yo piense y al margen de eso sabes lo que siento- Giró la llave y franqueo el umbral con el cuello girado mientras escudriñaba mi mirada en busca de alguna señal. Me presentó presurosa a cada uno de los integrantes de su familia, para a continuación mostrarme aquella tétrica casa de tonos ocres, mientras nos perseguía la sarcástica mirada de su padre y sus dos hermanos. No sabría explicar porque pero en aquel lugar al igual que en ella, se percibía la falta de una madre, Decidí no hacer preguntas. Ella me las revelaría si de verdad confiaba en mí y necesitaba hacerlo. Su cuarto era distinto al resto, como un paraíso de color frente a la sordidez de aquel infierno: Cuadros, dibujos de infancia, un par de fotos de una mujer muy hermosa, una antigua carta cerrada sobre el escritorio, un par de novelas empezadas, relatos esparcidos por el suelo ante la certeza de que nadie querría leerlos, atrezos, fotografías de aves, de personas y cosas.., Decidió dejarme solo ante su familia para que la fuera conociendo y adaptándome a ella y dijo querer una ducha dejándome en la estancia principal, como quien deposita a un perro. Me sentí abrumado y miserable ante la atenta mirada de todos ellos, desviada por un momento de la televisión. El ambiente estaba muy cargado, a penas si corría el aire a través de aquel mundo de hombres curtidos por la vida. El padre estaba sentado en el sillón principal y envuelto en una sabana. Sus hermanos, cada uno a un lado del sofá, me miraron un instante. Yo les observaba a todos ellos desde una improvisada silla colocada tras el sofá. El padre era un hombre muy mayor, hirsuto y cetrino; jamás olvidaré la extraña mueca que adquirió su boca mientras me contemplaba. Lo mismo podía ser burla, indiferencia que asco emanando a través de su bigote recortado. Sus hermanos eran mayores; adustos y solitarios. Parecían, al contrario que yo, auténticos hombres. Altos fuertes y rudos. Parecidos a como debieron de ser los espartanos. Seguro tenían más de 20 años. De pronto uno comenzó a hablarme con voz pausada, mientras no dejaba de mirar la televisión, adquiriendo su voz el tono de un ronco ritual carente de entusiasmo en aquella estancia en la que nadie miraba a los ojos: -Te conozco, eres el chico de la bicicleta- su hermano no pudo evitar una sonrisa. - Si, es posible, aunque ya a penas la cojo- - Seguro que eres un buen ciclista, tienes buenas piernas, piernas de campeón- -Bueno la ver…- - Mi padre también es un buen ciclista, deberíais ir juntos algún día a la montaña, iremos todos. Verás que bien lo pasamos.., ¿ves el tour?- - Lo vei- -Seguro que gana Indurain..,- - Si ha ganado ya varias veces, es un fenómeno el tío- -¿Fenómeno? Bueno si, pero por que no conoces a mi padre. Tiene unos pulmones el tío que parecen bombonas de butano y un corazón como el motor de un avión Así de grande- decía mientras abría sus manos adquiriendo la forma de un balón de baloncesto – ¿a qué si papa?- - Ya no soy lo que era hijo, además no se si podría compararme, se le ve fuerte este año al Indurain este- -¿Más fuerte que tú papa? ¿Con esas piernas que parecen robles ? No creo, no seas modesto- - Ya no son lo que eran- -¿Cómo que no? Anda ya, enséñaselas aquí al amigo.., ¿Te llamabas? - Nacho- - Venga Macho, no te cortes, pídeselo- ¿El qué? -Que te enseñe las piernas.., joder macho no seas tímido…, Mira ven conmigo- Me llevó ante su padre y tras levantar la sabana vi dos muñones que apenas sobresaldrían 20 centímetros desde la cadera, entonces, cuando creí me mareaba, entró ella para rescatarme. Aquel día pensamos que si aquello no lo había conseguido, jamás nada lograría separarnos. Nos daba igual el comentario que nos tildaba como la jirafa y la hormiga y que en el fondo hasta nos hacía gracia. No nos importaban nuestras familias ni nuestras diferencias. Nos bastábamos el uno al otro y con eso nos conformábamos. Más lo que no habían conseguido los chismes, nuestras familias o nuestras incompatibilidades, lo conseguiría el paso de los años. Nunca olvidaré la belleza de lo que tuvimos y hace mucho se torno genuina y franca amistad. Espero no perder jamás lo que para mí eres, pero comprende no aparezca por tu boda; no sea que sin quererlo recuerde a aquel canijo melenudo que apenas levantaba un par de palmas del suelo y necesitaba de palabras que le permitieran hacerse grande ante tus ojos de mujer serena, La primera vezNunca podré olvidar la primera vez así como nunca podré olvidar el llanto de que vino precedida. Aun recuerdo sus ojos inexpresivos clavados en los míos y como se fueron humedeciendo lentamente ante mi mirada atónita. No pudo contenerse en su dolor y me hizo participe del mismo, la culpa le pudo, así como dos años después nos podría a ambos. Aun recuerdo mi ansiedad ante aquel momento y como mi cuerpo en plena dicotomía se debatía entre el miedo y el deseo. Todo surgió con una caricia inocente, un gesto. Casi todos los amores importantes surgen de un instante de candidez y ternura que se va tornando pasión, un abrazo que se traiciona en su naturaleza conciliadora.. Una parte de mi fluía acompasadamente mientras otra se resistía a todo movimiento. Una mirada, un abrazo, una caricia, un beso. Y de pronto un fuego corriendo dientes abajo, una pulsión irresuelta bajo la piel; después una pausa, y el miedo entró en juego, el miedo a no dar la talla, a que no funcionase, a que se rompiese todo la magia de aquel instante y la vida mostrase su sinsentido. Los pantalones bloqueados por las rodillas, ella tironeando hacia abajo, las rodillas impidiéndolo. El miedo debatiéndose con el deseo. Quizás aun no estaba preparado, quizás no debió ser aquella la primera vez. Ella era una mujer, yo un niño; las visiones de aquel momento eran distintas para ambos. Finalmente las rodillas cedieron ante la fuerza del instinto y el deseo. Nada es tan difícil, solo hay que aprender a no ir contra corriente. Fue breve, a penas superó la estadística, tanta contención había estimulado demasiado el deseo y este se había liberado prontamente por la cadera. La luz tenue, un cigarrillo y la foto de él sobre el velador. Caricias abrazos y aquella foto en el ambiente, aquella foto como una amenaza presente durante aquellos dos años de vida en común. Hubo un momento de tensión y quise abaratarlo con una broma en vez de con un abrazo. Estalló en llanto. No sabia que hacer, el amor había unido a dos extraños y ahora comprobaba que no la conocía. Tampoco podía recurrir a la experiencia en busca de palabras conciliadoras por entonces. Me bloqueé. – ¿no lo ves? Esta muy claro..,- Se quedo en un lado de la cama y ni siquiera supe que decir. Pensé que jamás la haría feliz, que le causaría dolor, no quise que aquello volviera a repetirse. Renuncié a ella y comencé a hacer las maletas para marcharme. Me despedí, nos abrazamos y ya en el umbral de la puerta me pidió que me quedara. Aquella semana hice la maleta tres veces. La culpa casi nos puede en un principio y se instaló en su estomago como un dolor persistente. Al sexto día desapareció no reapareciendo hasta mucho después, anunciando quizás que ya había terminado nuestro ciclo. Nunca nos perdonamos aquella noche. Inconcientemente ella no perdono mi falta de experiencia y yo no perdone su llanto. Fue un conocimiento a marchas forzadas. Nuestra relación terminó antes de extinguirse, haciéndose eterna en nuestra memoria. Nunca desapareció aquella foto del velador, ni su presencia de aquella casa. Trabajaba mucho, a penas si regresaba a casa, nunca lo vi, no quise verlo, una foto no es una persona… quizás un muñeco. Nunca quise ser el otro, no me habría cambiado por el, algo dentro de mi algo me decía que los amores contrariados son los que terminan siendo eternos, como en Broke Black Mountain… me resistí. Un día me dieron un ultimátum Me propusieron paellas los sábados, domingos con las zapatillas puestas e hijos. No quise traicionar nuestro amor, vulgarizarlo de aquel modo. Nada funciona eternamente si se permite que funcione. Me negué en redondo. Ella se casó, tuvo un par de hijos, uno de ellos tiene 6 años y se parece bastantea mí, a veces me dan escalofríos solo de pensarlo, entonces me tranquilizo pensando que es imposible. Ahora yo vivo en el sur, ella en su norte. Nos vemos una semana al año; cada año en un sitio distinto: Praga, El Cairo, París, Venecia, Londres. Durante el año no hablamos casi nunca, cada cual tiene su vida y no hay que dar cuentas sobre ella; mucho menos durante el tiempo que estamos juntos. Pero aun así, sabemos que tenemos una cita tacita. Al margen de nuestras rutinas, de nuestras vidas e incluso a veces de nosotros mismos; nos debemos una semana al año en la que volvemos a unirnos como si jamás hubiéramos sido separados por la lágrima de un llanto jamás consolado. Se llamaba SoledadNo era la mas guapa, ni si quiera tenia un buen cuerpo; hacia mucho que ya no era joven, pero a todos nos encantaba la cara de zorra que ponía mientras lo hacia. Y es que las historias no siempre son como las pintan. Un día se cansó de su triste horario de oficinista, de no tener tiempo para ella ni para nadie, de andar siempre con el dinero justo y de vivir con alguien a quien soportaba por tener que compartir los gastos de una vida hipotecada en común. -Los principios siempre son duros- nos contaba satisfecha – cuesta acostumbrarse, nadie está preparado para esto, menos aún una mujer (…) después pasa el tiempo y tienes dos opciones: o haces que te guste y disfrutas con tu trabajo, o la vida se convierte en un infierno (…) muchas lo dejan o esperan al príncipe azul que las saque de este agujero. A mí ya se me paso la edad de los cuentos de hadas. Además, cada vez que beso a un hombre durante demasiado tiempo, se convierte en sapo y ya no tengo ganas de cargar con más ancas que las mías…- Tenía un nuevo novio veintitantos años menor que ella y temblaba como una hoja cada vez que lo veía aparecer por el umbral de la puerta del Paraíso. Hacía poco le había dicho que ya no ejercía y él había fingido creerla, así como fingió creer que algún día formalizarían su relación –Es un gran chico, estoy segura que llegará lejos, tiene un talento especial, se le nota en la mirada, no se en que pero se que va triunfar, escribe unos poemas preciosos (…) lo conocí en el trabajo, me enamoré de sus manos, de su ternura, su timidez, su inocencia… y ante todo de sus ojos. Hace que me sienta especial, me mira como se mira a una persona, no como a una puta- Él a partir de ese día volvió a verla con frecuencia, pero nunca le pidió que volvieran a acostarse por dinero. De hecho creemos que nunca volvieron a hacerlo. Hablaban, solo eso, y a partir del segundo día ella comenzó arreglarse solo para él. -Las únicas lacras de esta profesión son la moral impuesta por una sociedad hipócrita y las mafias del sur y del este; lo demás es literatura de Marujas aburridas y descontentas con su vida de sábado- solía decir a menudo orgullosa de si misma. Debía tener unos 44 años por entonces –aun me quedan algunos años de profesión, mientras sigan llegando clientes habrá negoció- más no los aparentaba. Era muy morena, tanto el pelo como la tez. Un aladar surcaba su sien derecha en forma de tirabuzón y le confería un cierto aire de inocente coquetería. De escasa estatura sus caderas eran compactas y sus andares rotundos. El pecho no era muy abundante, pero sabia dirigir la mirada del cliente hacia donde ella prefería. Eran sus ojos lo que creo que nos atraía a todos por igual; además de su trato, su naturalidad y el saber que disfrutaba con lo que hacía. Nunca faltó a sus citas nocturnas, ni tampoco nosotros, quedábamos enganchados a ella de por vida y no importaba que nos casáramos o nos mudásemos, nada parecía ser impedimento para ir a verla de tanto en tanto y disfrutar de sus cuidados –en casa las paredes se me caen encima, (…) prefiero el decorado del paraíso- De vez en cuando leía alguna novela pero no necesitaba intermediarios para dejar volar su fantasía, se bastaba a si misma y hacia soñar a quien tenia a su lado. Nos llamaba los hombres de su vida. Y decía que el secreto del amor es la distancia. No aceptaba a todo el mundo, solo a aquellas personas con las que se sentía cómoda. Un día vulneró su regla y lo acabo pagando en la sangre. En su rostro siempre había un brillo especial conferido por una ilusión renovada que la rejuvenecía. Cada día ideaba nuevos proyectos, en un futuro incierto que después desbarataba por gusto cada noche, como si se tratase de un castillo de naipes falaces: Bodas, empresas, viajes, visitas que nunca realizaría, subir a un avión, a un velero, a un globo y ante todo su hijo; siempre presente en sus pensamientos. A veces imaginaba encontrarlo en plena calle. -¿Lo reconocería?- A veces creía verlo entrar al club, o le pedía fuego entre sueños, otras se mortificaba imaginándolo en el reflejo de las pupilas de su actual pareja. A veces la descubríamos llorando y los que la conocimos bien sabíamos por qué lo hacía. Un día dejo de trabajar, todos nos acordamos de aquel chico, pero al parecer lo que no había conseguido un hombre lo había conseguido el sida. Nunca obligaba a nadie a usar preservativo y quizás fue ese el único error de su vida. -en la sociedad actual todo el mundo tiene miedo al contacto, ya está bien de Internet y de plásticos (…) el sida no puede acabar con la poca humanidad que nos queda- Le encantaba dar discursos, a veces creo que imaginaba estar en medio de un mitin. No le dijo nada a nadie hasta una semana antes de morir, ni si quiera buscó tratamiento -la vida es un milagro, no tratemos de alargarlo mas de lo necesario (…) lo único que siento es no poder hablar con mi hijo. Que sepa quien soy…- De eso ya nos encargaremos nosotros, le prometimos. Todos aquellos que la amamos en vida y quedamos marcados tras su muerte. Descansa en paz, Soledad Castillos de arenaNunca hice castillos de arena porque sabía que después los arrasarían el viento y las olas. Para algunos el fin justifica una vida; para mí la torna absurda. Enamorado, siEnamorado, si. Enamorado del amor en sus mil nombres, en sus mil cuerpos y sus mil voces. Enamorado de la vida, mi propia vida y por tanto la tuya y la de tantos otros que transitan este camino común al nuestro, en el que nos reconoceremos inexorablemente Un eco, una nota discordante; acaso seamos solo eso y necesitemos trascender nuestros cuerpos, nuestras voces y nuestros nombres, creando entre todos la melodía que un día soñamos tu y yo, y ahora nos negamos torpemente. Más allá de ti, más allá de mí; mas allá de ambos; somos fragmentos de un sentimiento que nos trasciende y del que sin conocimiento ni voluntad formamos parte. Te amo por encima de todo y no dejo de hacerlo al detenerme en cada eslabón de esta cadena, en esta falsa distancia de cuerpos. La fidelidad ni entiende de nombres ni cabe en ella el reproche. Solo nos debemos lealtad a nosotros mismos, a nuestros sentimientos, a nuestra eterna búsqueda a través de las extensas redes del amor, en las que tras cada incursión vislumbramos un retazo de lo que fuimos y habíamos olvidado. Cada parada hace que nuestra capacidad amatoria crezca, enriqueciendo cada reencuentro. No nos niegues. Te amo con la misma fuerza con que la quise a ella aquella noche, del mismo modo en que la sigo queriendo, tú me querías y lo seguirás haciendo sin poder impedirlo. El amor no entiende de cuerpos ni de nombres ni de alientos, el amor no se limita amando, si no que crece como un rió subterráneo que horadase la piedra en su búsqueda de mar y melodía. Todos pertenecemos a una misma realidad, no levantes muros en su contra, ni en la nuestra, acepta este sentimiento tal cual nos une. Ensamblamos un enorme rompecabezas; no intentes perpetrarlo con tus celos. A un metro de distanciaA veces siento como si viviera a un metro de mis propias entrañas, de mi realidad, mi mundo. A veces me canso de fingir que algo me importa, de mostrar un falso interés, un falso apego por la vida. A un metro de uno mismo es difícil gritar cuando alguien te pincha, llorar cuando algo te daña o luchar por aquello que pudiera hacerte más feliz. Las sensaciones vienen siempre a destiempo y la mayor parte de las veces ni siquiera llegan. Tan solo existe un vacío -una nausea como diría Sastre- en el que la soledad y la muerte cohabitan como únicas certezas. Lo que más me cansa no es fingir ilusión de cara al resto, sino hacerlo ante mi mismo. A veces solo me apetece callar; tumbarme de medio lado y esperar a que no pase nada salvo el tiempo y acaso una lágrima redentora. Otras, en cambio, clavaría las manos en la tierra y comenzaría a escarbar mi propia tumba.
El suicidio nunca fue una opción, para qué engañarme, para qué intentar mostrarme como el héroe romántico que nunca fui. Siempre me faltó decisión, valor. Vivir o morir es una elección que está solo al alcance de unos pocos, los demás nos resignamos con modos de existencia miserables desde los que rumiar nuestras quejas e insatisfacciones, a la espera de un milagro que nos de sentido. Al acecho de un mañana que nunca se produce y avanza junto a nosotros proyectándose hacia la utopía como una zanahoria. Que trágica puede ser una sonrisa cuando anticipa un lamento que nunca llegará a producirse. Que triste es vivir para otro; un desconocido que observa con su media sonrisa de escepticismo y tristeza y al que no consigo acercarme a menos de un metro de distancia El viento, el tiempoEl viento se mecía entre sus bucles con la suave melodía de un poema. Veloces suspiros tintineantes, lacónicos compases entrecortados por su llanto. Viento, tan solo viento, acunando sus tibios cabellos. El borde de una silueta oscurece cada gesto como una nube la playa, la mano solicita acalla su llanto. Viento solo viento sobre vagas láminas de tiempo. Viento, tan solo tiempo recortando vacíos de difícil silencio. Un velero se esfuma en el horizonte, una estela perdida en su transcurso de olvido ¿Qué sentido mirar al ayer, en su diaria renuncia de abandono? ¿Qué sentido mirar un mañana en el que nos habremos traicionado muriendo? Las olas cabalgan incansablemente sobre las arenas del tiempo, del viento. Una lágrima no apunta a ningún lugar más que a si misma. Se perdió la magia, la esperanza, el misterio… Tras el horizonte, tras las olas y la arena, tras el amor, tras un poema; viento, tan solo tiempo; en el que almas en pena vagan su eterno destierro. Otra lágrima secará su llanto, otro cuerpo mecerá sus tardes, otra boca anegará sus silencios. Y es que el amor -como la vida- tiende a reinventarse; mas cuando esto ocurra, yo ya ni seré yo ni estaré a su lado, seré un extraño con la vaga conciencia de haber cambiado. Seré viento que mecerá sus cabellos y oreará sus lágrimas con manos de tiempo El sentido del ridículoSegún creo decían los griegos, y posteriormente insistiría Freud: la vida del hombre esta regida por dos fuerzas antagónicas; el Eros -amor o deseo de vivir- y el Tánatos -o ansia de morir- Hasta ahí de acuerdo, pero... ¿Y el sentido del ridículo como diría Woody Allen? ¿No es acaso una fuerza más que condiciona, determina y fija el valor de cada uno de nuestros actos? RetazosInconciente te acercas en busca de algo que te es desconocido, ¿Es que no ves que mis manos están secas? ¿Que solo son portadores de aire y de vació? ¿Que ni si quiera brilla en mi la esperanza tras la inocencia perdida? Imploras mis brazos para acallar tu llanto y no puedo dártelos ya que no son míos. Imploras mis manos para calmar tu silencio, mas mis dedos tan solo son capaces de entretejer vacíos Que no te engañe el brillo de mis pupilas, ni mis ajenos rasgos, ni mis modos, ni la luz que parece protegerme. Aquello que represento me es ajeno, ni siquiera palabras tengo, solo silencios desde los que edificar soledades. No pidas ilusión ni alegría, las perdí en el camino si es que acaso las tuve alguna vez. Buscas la salvación y solo soy capar de ofrecerte naufragio, ansias la seguridad de mis brazos y no pareces querer darte cuenta de que mis manos están temblando. Reclamas entrega y yo no tengo nada que ofrecer salvo noches largas y oscuras en las que enredarse como en una pesadilla. Mas que salvador, me siento naufrago de un tiempo equivocado; mas que salvar, busco ser salvado No tengo un futuro que ofrecerte, tan solo un presente escueto producido por el espejismo del amor y su coquetería. Soy un apátrida perdido en su propio solipsismo oscuro, un ente pervertido por la muerte incapaz de compartir nada. Una mancha en nuestro tiempo, un borrón desvencijado. Tras mis manos, mis brazos o mi boca; tan solo existe aire, ni tan si quiera viento. ¡Escapa¡ evita el naufragio, aún estas a tiempo. No permitas que te ciegue el espejismo de mar, allí donde solo hay arena de desierto. No podría perdónamelo… te quiero. |
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