El silencio se ha quebrado vertiendo su traje de hojas secas.
Elevándome, elevándome desde este profundo abismo de tonalidades ocres, entre los desvaídos sueños que ambos formásemos un día, sepultados ya en espera de su conquista. Luces remotas parpadean a lo lejos, como faros de marineros perdidos en su desconcierto de renuncia. Podría dirigirme en su búsqueda, conquistar las nuevas tonalidades perseguidas, convertidas hoy en la vulgar pesadilla de un espejismo. Mas nada es eterno, ni tan si quiera la propia búsqueda, que va debilitándose tras cada entrega. Nada es lo que era cuando se deteriora la pupila, nada queda intacto tras cada madrugada, entre silencios que crecen como ortigas y gritos ahogados en un tintero que no hacen sino falsear aquel gesto que nos falto un día. Para que seguir subiendo, ¿Para conquistar acaso nuevas mentiras?