Nacho 的个人资料" Folio y medio "照片日志列表 工具 帮助

日志


Últimamente

  

 
 
 
Algunas veces, al mirar atrás, creo darme cuenta de que no he cambiado en nada desde que tengo conciencia de mi mismo, entonces siento el tiempo como una trampa, como un absurdo que no nos lleva a ninguna parte, y del que no podemos escapar como tampoco de nosotros mismos. Otras veces por el contrario me descubro habiendo aprendido algo nuevo y la vida cobra sentido por un instante.
 
Son cosas muy sencillas, casi diría infantiles, como todo lo que de verdad importa.
Por ejemplo; el otro día, descubrí que he cambiado en cierto aspecto; antes, hace no tanto, no disfrutaba de las cosas mientras pasaban, más bien esperaba a que terminasen para poder vivirlas, ya distanciado y a la vez paradójicamente más cerca de lo sucedido. Si escuchaba una canción, estaba impaciente esperando que terminase, si leía un poema me apresuraba para llegar al desenlace así como con una novela. Leía y vivía con avidez para poder después colocarlo todo en el estante de la memoria, al que creía podría regresar con más tiempo, cuando en realidad, ni se puede ni se debe regresar a lo vivido
.
La vida discurría así, delante de mí, escurriéndose como una ausencia, <a más de un metro de distancia>, no importándome nada mientras sucedía y después muriendo por cada cosa pasada.
Era como si más que la vida fuese la muerte lo que buscase por todas partes, la conclusión y no el desarrollo mismo de las cosas, como si viviera fuera de mi mismo, sintiendo extrañeza por todo lo que me rodeaba, y no consiguiera que formase parte de mi mundo. Como si siempre se interpusiese una distancia insalvable entre la realidad y yo, un vidrio, como decía Cernuda, que te impide tocar lo que está a tu lado, o una puerta imaginaria, como la de Buñuel, que no puedes traspasar, aunque nada te lo impida.
El caso es que el otro día, escuchando una canción, me sorprendí a mi mismo haciéndolo de un modo diferente, disfrutando mientras lo hacia y no en el último momento, entonces mire hacia atrás haciendo balance, y descubrí para mi asombro que últimamente suelo hacer las cosas en este modo… tomándome mi tiempo. Que no tengo prisa, que me gusta volver atrás en lo poemas para releer una palabra, detenerme en el camino para fijarme en un detalle y ante todo que siento que estoy donde esta mi cuerpo, y poco importa lo demás ya que ya no tengo prisa por llegar a ningún sitio porque mi mundo va conmigo.

Para que después digan que <...lo que Carlitos no sabe, Carlos no lo sabrá nunca> (Echenique) o que a vivir no se aprende viviendo.

Repartos difíciles

 El otro día te vi en el parque de la esquina, estabas con otro y lo creas o no, no me importó demasiado. Me  extrañó, estaba convencido de que cuando esto sucediera, y sobre todo si te sucedía a ti primero, una parte de mi se revelaría resistiéndose a perderte, ya que  no podría evitar sentir que ya eres no mía, pero si una parte de mí y de mi vida. Pero ya ves, el caso es que para mi desconcierto no fue así, y al veros  incluso llegué a alegrarme por vosotros. Os observe desde lejos, analizándoos  como si de un par de extraños se tratase, y entonces pude verme a mi mismo reflejado en cada caricia, en cada gesto de sus manos, y comprendí que tu le habías dado algo que era mío, que me habías usurpado, profanando nuestra memoria común  del modo más miserable y mezquino.  

 Nadie habló frente al abogado de quien iba a quedarse con los vestigios de nuestro pasado común, de  todo aquello que fuimos encontrando y creando durante los años que estuviéramos juntos.

No se trataba únicamente de los amigos conjuntos, que después nos disputaríamos enfrentándolos  como a perros enfurecidos, aportando cada uno su verdad sobre lo sucedido, cuando en realidad lo  único que sucedía es que no pasaba nada entre nosotros, y recurríamos al enfado como último reducto para poder seguir estando juntos, ni tampoco era cuestión de los libros que leyéramos, de los álbumes de fotos, de las canciones compartidas,  de las postales de los países que habíamos  visitado… o las mil y una bagatelas que se van almacenando  a lo largo de la vida y que yo concedí en que te llevases, para poder empezar de cero… No, no  era solo eso, había mas cosas, cosas  que nunca  declaramos y que no por ello dejan de estar ahí, de nuestro lado.

Es difícil explicarte a qué me refiero, quizás ni si quiera yo lo sepa a ciencia cierta y no haga más que divagar por un sentimiento desconocido en palabras. En todo caso intento aludir a  todas “aquellas pequeñas cosas” que siempre pervivirán en cada uno de nosotros y no sabemos con claridad  a quien pertenecen, o aquellas otras  que habiendo sido en el pasado intrínsecas a uno de los dos, después pasaron  al otro sin que apenas  nos diésemos cuenta.

 Son gestos, palabras, bromas, juegos creados  conjuntamente, que sobrevivieran a nuestro naufragio, y quedaran en nosotros cuando ya nos hayamos olvidado y no seamos más que sombras lejanas.

No importará quien abandonase a quien en su día,  todo pasará, se curarán las heridas y  nuestra memoria se irá diluyendo  entre “las olas del tiempo”. No podremos evitar que una parte de ambos pervivirá en el que permanezca en pie tras el naufragio:

Yo no dejaré de levantar la ceja cuando quiera mostrar escepticismo, como tú lo hacías tan bien, y    tampoco podrás evitar arrugar la nariz y los ojos como un ratón enfadado cuando quieras reflejar idéntico sentimiento. Buscaré en otras el hueco que un día encontré para mi mano a un lado de tu cadera, robaré besos bajo cualquier pretexto absurdo, como cuando nos  enfadábamos por cualquier nadería…  y ni si quiera entonces  recordaremos  que esos arrumacos no son nuestros, que son prestados ya que no nos pertenecen del todo y  que lo hemos usurpado al  brindárselos ahora a otros que  no los merecen porque les son ajenos,  y al acogerlos no hacen sino mancillar  el paraíso perdido que un día compartiésemos  tu y yo, y que por lo visto tú ya has olvidado.

Suerte 

Abrazos de mar

La tarde iba deslizándose  silenciosa
sobre las profundidades del océano, escapando.
esquiva entre las olas perdidas del tiempo.
 
Mis manos, como peces asustados,
reniegan procelosas, atónitas, locas…
entre un mar de luces que se extinguen,
parpadeando como estrellas caprichosas.

Y, ya en mi refugio de quietud y calma,
entre conchas y guijarros surcados por el tiempo,
entre fuerzas y hastíos; entre pasiones y miedos;
surges como marea que me atrajese
para después desvanecerse entre burbujas.
 
Cautivándome en tu encantamiento marino,
con tu familiar canto de sirena   
como una melodía infantil que recordase,
alzas tu voz hacia mi angustiada sombra
envolviéndola en todos los acentos de la tierra,
para después declinarla en una sonrisa.
 
Y te desprendes danzando,
jugando a esconderte como haría un niño
con su nueva máscara de pájaro
entre sus cuerpos contemporáneos.
 Sembrando a cada paso tu letanía,
convertida entre nosotros en ritmo.

Tus algas, tus conchas, tus flores abisales.
Tu perfil estremeciéndose como una sierpe
que cuan medusa me cautivase
desde las profundidades de su abismo.
 Tu sabor… como una lágrima vertida sobre mi cuerpo.
Y tus ojos a lo lejos, mostrándonos el espejismo
de un olvido perdido en la mentira de su recuerdo.

Y me arrastras por entre las rocas, despeñándome
como a un barco de papel perdido en la profundidad
del mar de sus mal contenidos  anhelos.
Y no se dejarme arrastrar, ni tampoco oponerme,
y temiendo romper nuestro equilibrio
me golpeo contra el seco acantilado de tu boca…

Y me golpeo… y me golpeo; pero no sangro.
vagando como una hoja mecida por los vientos
siempre a merced de sutiles elementos,
en esa región en que nada permanece
y todo se mantiene por siempre eterno...
 
Donde tus cabellos juegan creando espirales de recuerdos,
como caracolillos de seda entre mis dedos de agua,
y nada posee formas ni nombres.
 
Allí donde nada importa porque estaremos juntos
al fin, liberados de nuestros cuerpos postreros,
diluidos en un mar de voces, en el que poder
ser nosotros mismos o no ser nadie.
 
Allí volveremos a vernos algún día
Amando lo que un día odiamos
por simple desconocimiento:
a ti…

Todo, nada

Todo, nada… dos nombres para un mismo cuerpo.

Dos acordes,  dos irresolubles certezas que se esconden

asomando como gotas de agua esquiva

entrecruzadas en un  mar  de luces y de sombras. 

 

Y te diluyes y no es en mí. 

Y veo sombras, y no son tuyas.

Y ahogado en un mar de voces

no consigo  enredarme en ninguna. 

 

Alzo la vista y huyes danzando silenciosa,

como una bailarina esquiva, 

que se  me negase  caprichosa.

 

Y te escapas, siempre te  escapas,

temerosa quizás de mi secreto.  

Entre las comisuras de mis parpados,

entre las sombras y los ecos,

de una vida sin eco,

de una muerte sin sombra.

 

Y otros bailan, ríen, sueñan, danzan…

y yo busco en sus compases  tu cadencia,

y te persigo como lo haría un pájaro,

intentando invocar tu nombre 

fugitivo, entre cuerpos extraños.

 

Y te miro y no te veo y te siento y no te siento.

Corriendo, soñando, cantando, danzando…

Todo, nada… dos nombres para un mismo cuerpo.

 

Poema antiguo

Entre callejones de miedo e infierno,

entre millares de cansadas palabras,

junto a un antiguo y mal aprendido prejuicio,

aletea un gorrión de ala mutilada.

 

Entre sus bríos, su mal contenida esencia

ve languidecer manos ya sin fuerza,

(Secas, cobardes, estériles… muertas),

desde las que es exhalada la pena.

 

Arremolinándose entre sus hastíos 

en un cementerio de necias palabra,

veo trepar soledad sin ojos ni nombres,

como el estribillo de una antigua ausencia

de mortífero prejuicio devorador de ala.

 

Custodiado ya, entre estériles cadenas sin fruto

y frió metal vidriado  -dura y austera corteza-

cuya sola presencia a el alma invoca

nuestro adiós de reproche y ausencia.

 

El amor inhiesto como enredadera

reclamaba unos brazos perdidos,

devorados  por mil palomas furibundas

en ese lugar desde  cuyos confines

ni si quiera es ya posible la lágrima,

en insultante redención sin condena

de una vida sacrificada al mármol.

 

Imposible escapar de la concéntrica vorágine;

de la vida sin vida, de la muerte sin ala

 

¡Escapa! Pájaro de vuelo irregular

no permitas sea prendida la esperanza.

¡Allá sobre los campos sin trincheras!

¡Allá donde la mar no escampa!

Hacia la esperanza sin nombre,

Hacia donde se acuna el ala

cuya sola presencia tempestades desata.   

 

 

(texto robado ... con permiso )

Era yo muy pequeña, muy pequeña y muy curiosa, me volvían loca los cajones, los armarios, y una de mis aficiones era buscar en ellos, sabía sobradamente lo que había en cada uno, fueron tantas las veces que busqué en ellos, pero era igual, la curiosidad de que podría encontrar algo nuevo, era más poderosa que la certeza de que ya sabía de sobras lo que encontraría. Un día, al abrir el armario algo llamó poderosamente mi atención, al fondo del estante del centro ví una cajita amarilla, nunca antes la habá visto, posiblemente habría estado guardada en otro lugar, pero aquel día estaba allí, y ese día fue mi tesoro encontrado, su contenido eran unas cuantas joyas de mi madre, no muchas y seguro que ni buenas y entre ellas un collar de perlas, ese fue mi juguete de la tarde, tantas veces lo puse delante de mi cuello, que al final se rompió y las perlas saltaron por el suelo, las recogí e intenté ensartarlas de nuevo con un resultado nefasto.

A veces siento la vida, como aquellas perlas desparramadas por todo el suelo, cada perla es parte de mi vida, intento ensartarlas y nunca quedan en el mismo lugar, ni el collar queda tan armónico como era inicialmente, pero seguro que así debe de ser.
 
(gracias)
 
 

Concesiones y entregas

 Me resulta tan extraño que no quieras o no sepas darte cuenta de lo que vales, de todo aquello que reside en ti como latente  y que a veces sin darte cuenta dejas escapar como perfume sutil.

Incluso podría entender que otros no se  percatasen  de cuanto en ti llama,  cuya certeza en mí  me hace sentir especial  aunque nunca ante tus ojos distantes, ante los cuales me sentiría como un muñequito de trapo viejo, un espantapájaros de hojas secas que solo tú en estos días haces vibrar, atrayendo a aquel  niño que regresa a mí tras este abismo.

 Lo demás no ven más que lo que ya es evidente, eso es claro,  y tú eres de una belleza discreta, de sutiles encantos que palpitan como un poema del ala, que no por no aflorar dejan de estar en presentes  y translucirse en cada gesto.

Si un día levantaras en vuelo, alrededor tuyo se formaría una cohorte de admiradores empedernidos  que besarían el suelo que pisaste un día  y  verían irradiar en ti todo cuanto yo ahora veo, entonces inconscientes y lerdos  te adorarían como  a una diosa  y  formularían un templo de palabras caducas, mientras que otros, que siempre te vimos, nos guareceríamos agazapados en los arrabales sin aurora, en las calles sin nombre desde las que poder contemplarte sin ser vistos, apartándonos a un lado  de tu camino  sin intentar frenar tu fastuoso vuelo, ya que por otro lado no podríamos seguir tu viaje  más que con la mirada, dado el estado de  nuestras  torpes alas rotas.

Quizás vieses entonces nuestra silueta agazapada entre los matorrales y comprendiendo tiernamente, nos agradecerías nuestra renuncia  con un gran beso lanzado al aire. 

Sobre falos y demás sandeces

Febrero de 2004, tarde primaveral, en un exiguo recinto, un grupo mixto de curiosos, acomplejados, profesionales de la pérdida de tiempo y adúlteros no declarados, con ojillos entrecerrados y en basto esfuerzo, intentan seguir las disertaciones y disquisiciones de un profesor  y al parecer también pensador, de grandeza tanto espiritual como de cerebro, un erudito moderno

de éstos que abundan en nuestros tiempos de gran florecimiento de intelectos y geranios.  Sus movimientos son rápidos al igual que su discurso, mirando al cielo -o al techo- para evitar supongo mirarnos a los ojos  ya que se nota por su mirada el profundo desprecio que siente por  nosotros, mediocres cenutrios  que jamás llegarían a su nivel por ser mas altos, pasa de un tema a otro con una habilidad que a mas de uno nos deja mas que pasmados, estupefactos, al borde del éxtasis. Lo mismo nos narra el arte de amar (de From ) como propio, resultando en extremo extraño ver emanar dichas palabras por alguien que ni de lejos pueda amarse y mucho menos amar a su prójimo al que desprecia en igual medida que a si mismo, que da consejos morales o sobre cómo poder acceder al elevado, aunque para el exiguo, precio de la vivienda o recita con deleite los editoriales del Abc. De pronto se escucha una palabrota para placer de todos. -¿Qué ha dicho?  ¿Ley …?- -fálica- respondo en seguida a mi compañero -¿Y que es eso?- -Pues… la primacía del falo en la tradición monárquica-  ¿y que es eso… falo?- - Pues no se, pregúntale- Levanto la mano orgulloso y dijo  ¿entonces la ley fálica ¿que es? la primacía del falo en caso de nombrar un nuevo monarca?

 

Esta tarde me encontré con aquel “chico”. Creo que todavía no me ha perdonado, aún no se creyó que yo, en realidad, hablaba en serio.

Besos

Y me pregunto yo… ¿Cómo puede enviarse un beso? ¿Qué podrá hacerse con el  para que merezca la pena ser guardado? ¿Qué utilidad darles? ¿Acaso venderlos como besos robados? Eso quizás  aumente su precio por su cariz de  prohibido. ¿Acaso será posible vivir en un beso o un abrazo? Quizás se termine adoleciendo alguna especie reumatismo tras un tiempo.

¿Donde podrán  almacenarse para que puedan  ser usados en tiempos en que  falten? ¿En los cajones; junto a las conchas de las playas, las fotos, los billetes de tren y los recuerdos? ¿Y no podrían empañar al resto con su irremisible deterioro, convirtiéndose en agua que diluya la memoria de los cajones  en que he vivido?  Quizás no se pueda guardar un beso porque, como la vida, se nos escaparía entre las comisuras de las manos. Acaso solo podamos recordarlos, los que dimos y más aún los que nunca hemos dado, cuya podredumbre de beso caduco, retumba aún  entre  pechos olvidados.

 

(Ojú, que día mas tonto llevo)